Abriendo huella


Comienza a amanecer mientras las montañas ribagorzanas se desperezan y bostezan su aliento húmedo y helado, que envuelve la carretera por la que transitan los montañeros del Club Litera de Binéfar con dirección a Pont de Suert, punto de reunión de la jornada

Observado el ritual del café, partimos hacia la Vall de Barraves con la intención de ascender a la Tuc de Conangles de 2783, aunque somos conscientes de que la gran nevada de las últimas horas nos lo va a poner difícil. Llegamos a la cara sur del túnel de Viella e intentamos acceder al aparcamiento, pero la nieve hace patinar a los coches y tenemos que retroceder hasta las inmediaciones del refugio de Conangles donde aparcamos.

Estamos a dos grados bajo cero y cae una fina nevada, por lo que comenzamos la marcha con las raquetas calzadas y toda la ropa de abrigo que hemos traído. Caminamos por el bosque de Contesa entre hayas y abetos centenarios, abriendo una profunda cicatriz en el impoluto manto blanco, intentando seguir las marcas de la GR 11 que han de guiarnos hasta el Port de Rius. Como si fuera una partida de ajedrez, Latorre y los ocho peones usamos todos nuestros recursos, para no agotarnos en el arduo esfuerzo de abrir huella sin desviarnos de nuestra ruta , ya que las marcas rojas y blancas de la GR han desaparecido bajo la nieve y no existe el menor rastro de la senda a seguir.

El impagable esfuerzo de nuestros compañeros más fuertes, consigue que poco a poco vayamos elevándonos sobre la montaña nevada y alguna marca salvadora nos devuelve la tranquilidad de estar en el buen camino. Por fin alcanzamos el Port de Rius, pero nuestro objetivo permanece oculto entre las nubes y sumado esto al cansancio acumulado en la subida, decidimos acercarnos hasta el Estanh de Rius que también permanece oculto bajo la nieve, y sobre el que caminamos sintiéndonos exploradores en las llanuras árticas.

Después de recuperar fuerzas y cuando iniciamos el regreso, el sol se abre paso entre las nubes y nos muestra en todo su esplendor el maravilloso paisaje que nos rodea. La Tuc de Conangles nos hace un guiño y nos invita a volver para conquistarla, lo que sin duda haremos pero ya será otro día. Hoy solo nos queda disfrutar del magnífico paisaje que nos ofrecen las montañas nevadas de la Vall de Barraves, mientras descendemos hacia los coches.

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