Circular Pozas de San Martín, despoblado de Morcat, cascada del Confesionario


Hoy toca no madrugar mucho, hemos quedado a las 08:30 horas en el lugar de costumbre un total de 38 senderistas del Club Litera Montaña para realizar una corta pero bonita excursión por la comarca del Sobrarbe.

Decidimos hacer una ruta circular para visitar el precioso pueblo de Morcat, despoblado desde mediados del año 1.967 y sin lugar a dudas uno de los pueblos abandonados más bonitos de Huesca y porque no, de España. Perteneciente al municipio de Boltaña y situado en lo alto de un monte, por encima del barranco de Sieste, donde desde cualquiera de sus atalayas y con el horizonte despejado, podremos admirar preciosas vistas del Pirineo Central, zona alta de Ordesa, Pineta, Cotiella y Peña Montañesa, aunque no fue nuestro caso ya que las nubes amenazaron tormentas desde primeras horas de la mañana y durante toda la jornada, impidiéndonos verlas con total claridad. Después de pasearnos por las derruidas calles y de adentrarnos a través de los montones de piedras y troncos, pudimos disfrutar de lo poco que queda, de lo que en un tiempo no muy lejano fueron imponentes casetones llenos de vida e historia.

Tras esta breve visita a Morcat, decidimos continuar nuestro trayecto y descender por un atajo que coincide con una ruta de BTT, en la cual hay que extremar precauciones para no ser arrollado por una de ellas. Al final de esta bonita y frondosa senda, llegamos hasta una gran encina, y tras cruzar un pequeño riachuelo y el barranco Fondo, nos indica el inicio del camino que nos llevará por una marcada pendiente hasta la cascada del confesionario, también conocida coloquialmente como coñolmundo.

Pensamos en quedarnos a comer aquí y relajarnos un poco, dándonos un baño de agua y sol para contemplar tan idílico lugar, pero la amenaza de lluvia inminente nos hace desistir y abandonar precipitadamente el cauce del rio.

Seguimos nuestro camino hacia el parking, esta vez por un sendero a media altura que discurre paralelo al cauce derecho del río Sieste, parando a comer en una de las pozas de San Martín, ya cerca de los coches y en espera de recibir un chaparrón que, por suerte, finalmente no llega a producirse. Ahora sí, solo queda disfrutar de una cervecita fresca en Ainsa, antes de volver de regreso a casa.

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